Si no tengo nada, no hay nada que defender.
me puedo lanzar con el pecho abierto.
no colecciono figuritas de yeso.
Si no tengo nada, nadie me pide cosas prestadas
fuera de mi cabeza o mi cuerpo.
Si no tengo nada, nada
nada
nada
nada
nada
Amanece a las 7.
Sol.
Tengo los ojos abiertos, como el personaje de Apocalypsis Now.
Siento que no he dormido nada.
Mi cabeza no ha dejado de funcionar ni un sólo minuto en más de una semana.
Mi cuerpo me dice sí. He logrado descansar.
(Maldito descanso que ahora debo gastar)
No como, ni duermo profundo.
Todo quiere ser rápido.
Excepto los fluidos de los ojos,
que necesito y se me niegan.
Ayer empecé a montar el cortometraje en medio de la locura.
Me lo advirtió el gemelo afiebrado que ama y protege.
Me dolían las imágenes.
Cada plano.
Nunca antes.
Entiendo.
Creo lo que necesito para seguir con los ojos abiertos.
Escena 1 del corto: Jesusa frente a la ventana sola. Aceptando lo que venga, como si esperara los dolores que la fortalecen. Como los poetas malditos que al final mueren por una causa que a nadie le importa realmente.
Un amigo recuerda siempre un desquicio que le regalé: "todo es un posibilidad. Y es buena, si llega hasta el final. Tú eliges cada día"
Recuerdo la primera vez que me dejaron caminar sola hacia la cumbre de la cordillera.
Recuerdo cuando mis padres me dejaron mirar el vacío pleno sin su bullicio.
A miles de metros de altura pude haber saltado, sentir que el viento atravesaba mis costillas y me limpiaba.
Siempre pude... Pero no.
Una vez hace tiempo.
Leo un cuento de alguien a quien amé sobre una piedra misteriosa.
Si mirabas en su interior: bienvenido a la locura.
Ahora me hace más sentido.
Me obsesiono con algunos dobleces.
Quién camina allá?, Por que lo hace así?, las plantas se aburrirán de estar detenidas?, La luz amarilla sonríe?, volaré?
Escena 2: Una chica se quita la piel de su rostro frente a cámara. Vacío en Blanco y negro. Primera persona.
Y luego despierto en algún lugar al que no pensé llegar.
Nunca me había conmovido con una persona de la que sólo conozco el nombre y algo de lo que mira.
Nunca antes sentí ganas de llorar de emoción al ver la piedra de un desconocido.
Más desnudo que todos.
Cubierto sólo por carne.
Ya no más piel.
(Nadie se atreve, y temo quitarme la mía.)
Intento tranquilizarlo, pero tiemblo.
Como si estuviera a punto perder la virginidad.
No puedo seguir abrazándolo y él me recoge. Cuando cierra los ojos me acerco a la ventana.
Nadie me ve.
Miro la luz amarilla de la mañana y me pregunto cuántas personas lloran en ese instante.
Necesito que me estallen los ojos pero ya no se cómo se hace.
(olvidé nadar)
Su cuerpo no se parece al mío, pero no caminé hasta acá para eso.
No se nada, pero no importa.
No quiero salir de ahí.
Todo me parece de una conexión absoluta.
Lo puedo ver a mi espalda, porque lo conocí antes de que llegara.
Lloro bajo el agua con los ojos cerrados e imagino que he saltado por la ventana.
Y sonrío.

Seis jóvenes huérfanos pierden totalmente el respeto por la cordura y las buenas costumbres. Estos "hijos del demonio" se han vuelto incontrolables, los han declarado un peligro para la sociedad porque no hay nada más peligroso que jóvenes, con un C.I promedio, que beben más que sólo leche, se tocan por las noches y que deciden iniciar un viaje hacia el mundo de la perversión, a vista y paciencia de los otros que desean hacerse parte de esta locura.
Conducidos y explotados por la cabeza de Miguel Murúa, el niño terrible del teatro nacional, protagonista de la movida postpunk-formalista-post-pánica y desesperanzada de los últimos años, estos jóvenes deciden embarcarse en un trabajo que les permite narrar una historia, a través de un texto sensiblemente poético sobre
un asesino,
una familia
y el mundo del Chicago Chico.
No habrá balas, sexo, pero de seguro Ud. no se irá a casa indiferente.
"Roberto Zucco" dicen que se llama el espíritu que posee a estos jóvenes.
Pilar Labra deja su nombre para vestirse de blanco y encarnar a la mocosa.
Felipe Catalán se golpea la cabeza para tener el mismo número de neuronas que el hermano.
Angélica Cabezas ensaya actos suicidas en horarios regulares para sangrar como la hermana.
Yerko Martínez y Mathias Sielfeld viven en los peores barrios del Chicago Chico.
Marcela Cerda cada vez hace mejores tratos para explotar la entrepierna de las chicas desamparadas.
Tú estás invitado al final de este viaje psicomágico. Probablemente porque eres amigo de alguno de los que perdieron sin retorno. Sólo habrá cuatro funciones para luego retirarse a las alturas.
Las coordenadas son:
"Roberto Zucco"
Domingo 11 - Lunes 12 – Miércoles 14 – Jueves 15
20:30 hrs.
Sala Tatami
Campus Oriente PUC (Avda. Jaime Guzmán 3300)
flor / morada / me gustan los helados, pero no los tomo / uso agenda para tranquilidad del mundo / amante / odiosa / perpendicular a todos y horizontal sobre él / anarquista / apolítica / militante / práctica / enredada / nadie me entiende / porque así mantengo el secreto / surrealista / práctica / impulsiva / pensativa / ojos grandes / ojos cerrados / sandías y estrellas / megustamirarlascosasquelosotrosdejanpasarynolescuento / postmoderna / divertida / hablo fuerte / no hablo / lloro / y río / y lo verdadero lo comparto con pocos / me pesa / el mundo / tanto como para correr / pero por suerte soy masoquista y me quedo a mirar la muerte y el nacimiento del sol, de los otros y el mío…